La vida según las uvas

Viñedos

Viñedos Ecológicos Propios en Sierra Nevada

Situados en un majestuoso altiplano, nuestros viñedos se encuentran entre los más altos de toda la Europa Continental.

Nuestras cepas, nacidas sobre suelos profundos y complejos y bajo la influencia del clima de alta montaña en Andalucía, cuentan con las mejores condiciones para la consecución de nuestros objetivos: elaborar vinos singulares y con personalidad propia de forma sostenible y respetuosa con el medio ambiente.

Interpretamos nuestros paisajes tratando de que cada rayo del sol andaluz, cada brisa de Sierra Nevada y cada gota de lluvia caída sobre nuestra tierra sean fielmente embotellados. Vivimos… La Vida Según Las Uvas.

¿DÓNDE ESTAMOS?

Granada se sitúa en la comunidad autónoma de Andalucía, en el sureste de la península ibérica, a orillas del mar Mediterráneo y en plena cordillera Penibética, sistema de mayor altitud peninsular.

Nuestros viñedos se localizan en la comarca de Guadix y junto a Polícar, en una majestuosa altiplanicie en la falda norte del Parque Nacional de Sierra Nevada y rodeada de los barrancos o acantilados llamados bad-land, típicos de la Hoya de Guadix.

Investigaciones del CSIC sitúan la existencia de viñedos y la producción de vino en esta comarca en la Edad del Bronce. En la vecina localidad de Purullena, se  recuperan unos lagares que datan de entre el III y II milenios a. C.. Desde entonces, la cultura del vino no ha dejado de existir en estos lugares y fue, con la llegada de los romanos, cuando este cultivo se extendió de manera generalizada, llegando a existir entre 3.000 y 4.000 hectáreas de viñedos. En nuestros días, es una zona en auge, en constante crecimiento y con un altísimo potencial enológico que, apasionadamente, estamos consiguiendo descubrir.

SUELOS

El suelo es el origen del vino. Los distintos tipos de terrenos y sus cualidades dejan marcada una impronta en las uvas que luego deberá pasar a las botellas. La gran cantidad de variables que entran en juego (texturas, minerales, microorganismos…) asumen un papel determinante en el resultado. Aunque parezca increíble, el nacimiento del alma del vino se gesta a varios metros bajo tierra.

En nuestro caso, contamos con una superficie total de ocho hectáreas, de las cuales solo la mitad se destinan actualmente al cultivo de la vid. Las dos parcelas que lo forman son de suelos muy profundos y presentan composiciones variables de pizarra, cuarzo y granito. Con respecto a su textura, se dividen entre arcilla ferruginosa y limo.

Orgánicamente, son suelos muy pobres, obligando a la vid a hundir sus raíces profundamente para conseguir nutrientes; lo que provocará que la planta extraiga mineralidad y otorgando complejidad y gran fineza a sus vinos.

Nuestra viña principal, se sitúa en el Llano del Jaral. Sus suelos arcillosos ferruginosos (conocidos aquí como “rubial”) tienen más capacidad para retener agua y nutrientes y ayudan a nuestras plantas a regularizar el aporte hídrico durante los meses más secos. Estos suelos ofrecen vinos elegantes, con mucho color y volumen y bien estructurados, ya que los ciclos de maduración son más prolongados y se consigue una mayor carga de polifenoles.

Nuestra segunda parcela, cuenta con suelos limosos que han sido producidos por la sedimentación de materiales muy finos arrastrados por las aguas y depositadas por los vientos; muy común en los lechos de los ríos. Son suelos cálidos y muy compactos, aunque sin llegar a serlo tanto como los arcillosos. Presentan más dificultad para la retención de agua y nutrientes y ofrecen vinos suaves, brillantes y muy aromáticos.

ALTITUD

Nuestros viñedos se encuentran entre los más altos de toda la Europa continental, a 1.200 mts sobre el nivel del mar. Esta singular condición provoca grandes oscilaciones térmicas. De hecho, durante los meses de maduración de la uva, experimentamos cambios de temperatura de más de 20 ºC entre el día y la noche, alargando y mejorando el proceso de maduración de los racimos. De este modo, mantenemos un nivel adecuado de acidez y conseguimos un mejor equilibrio entre la madurez fenólica y la maduración alcohólica.

En alta montaña, la radiación ultravioleta (UV) es muy elevada y, para protegerse de tanta intensidad lumínica, las uvas desarrollan unas pieles más gruesas donde envolverse. Curiosamente, es en esta parte de la baya donde se concentran los antocianos y también taninos y otros polifenoles. Por tanto, una mayor cantidad de estas sustancias en las uvas, proveerá a sus vinos de mayor intensidad de color, de más suavidad, aroma y sabor y menos astringencia. Asimismo, los dispondrá para un envejecimiento más prolongado.

CLIMA

Tenemos un clima de montaña, con influencia mediterránea y continental, que se caracteriza por unas temperaturas extremas, tanto en invierno como en verano, y por un régimen de precipitaciones muy desequilibrado dentro del ciclo anual.

Las corrientes frescas del aire de Sierra Nevada alargan y mejoran la maduración de las uvas. Este efecto beneficioso predispone a las uvas para un mayor desarrollo de polifenoles y hacen que el fruto tenga una acidez natural superior; lo que más tarde se traducirá en vinos de alta calidad: concentración intensa, cuerpo, sabor y particularmente aptos para un largo envejecimiento.

Los efectos del cambio climático están causando un aumento de las temperaturas medias. Este hecho está provocando, a su vez, el desplazamiento de los viñedos hacia latitudes más septentrionales y hacia terrenos de mayor altitud, posicionando a nuestra zona en situación ventajosa para afrontar el futuro. Entre los efectos beneficiosos que experimentamos con el cambio climático están la disminución de riesgo por heladas primaverales y la menor incidencia del granizo.

CONDUCCIÓN DE LA VIÑA

La conducción de nuestras cepas es en doble cordón, salvo la de la Riesling, que es en cordón simple debido a sus largos entrenudos. Formamos nuestras viñas en espalderas inusualmente altas, donde la maduración de los racimos se realiza a más de un metro de distancia del suelo. De esta manera, evitamos que el calor acumulado en las piedras durante el día pueda ser irradiado a las uvas durante la noche, y conseguimos acentuar el efecto beneficioso de la oscilación térmica.

La orientación del viñedo influye notablemente sobre el desarrollo de la planta y al crecimiento y metabolismo de los racimos. Nuestras dos parcelas están orientadas de Norte a Sur. De este modo, generamos un microclima donde nuestras uvas se ven favorecidas por recibir la luz del sol durante más horas (hasta un 22% más que de E a O). Por la mañana, las plantas reciben los primeros rayos de luz, lo que disminuirá la prolongación de los rocíos matutinos que tanto favorecen la aparición de hongos. A mediodía y durante las primeras horas de la tarde, cuando las temperaturas son más altas, esta disposición en las hileras hace que los racimos estén sombreados por las hojas, evitando esos “golpes de sol” directos que tienden a la deshidratación e incluso a la rotura de las uvas. Ya por la tarde, con temperaturas aún altas y con radiaciones intensas, nuestras uvas madurarán uniformemente.

El marco de plantación establecido es de 2,80 X 1,00 mts, permitiendo 3.571 cepas por hectárea. Esta densidad de plantación, de las más altas de Andalucía, mejora sustancialmente la calidad de las uvas; ya que una misma cantidad de producción será de mayor calidad cuanto más plantas se hayan necesitado para obtenerla.

La vid es uno de los cultivos que menos agua necesita. Tan solo requiere alrededor de unos 300 lts por cepa y año, bien sea como agua de lluvia o como aporte externo en forma de riego. Aportar más agua de la necesaria supondría un indeseado exceso de producción que provocaría una considerable pérdida de calidad. Es fundamental, por tanto, cubrir mediante riego únicamente las deficiencias hídricas necesarias y hacerlo en el momento adecuado (principalmente tras la vendimia y durante la primavera, antes del envero). En nuestro caso, contamos con la suerte de regar nuestras viñas con el agua proveniente del deshielo del Parque Nacional de Sierra Nevada, lo que garantiza la ausencia de compuestos químicos propios de los tratamientos artificiales, asegurando así la salubridad y tipicidad natural de nuestros suelos y plantas.

VIÑEDO ECOLÓGICO: COMPROMISO, RESPETO Y SALUD.

La Naturaleza es un sistema perfecto de vida, donde fauna y flora conviven en perfecta armonía.

En Bodegas Caballo somos conscientes de la importancia de preservar nuestro entorno y por ello practicamos por absoluta convicción una agricultura sostenible y profundamente respetuosa con el medio ambiente y que repercuta sobre la salud de las personas.

La aplicación de fertilizantes químicos de síntesis en los viñedos provocan impactos nocivos en los agrosistemas, concretamente en la salud de animales y humanos y en las aguas subterráneas de nuestro entorno. Las técnicas agrícolas y sostenibles que practicamos evitan la degradación y contaminación del ecosistema, potenciando la fertilidad y biodiversidad natural de nuestros suelos.

El consumo de productos ecológicos tiene efectos saludables directos, ya que están libres de residuos tóxicos persistentes procedentes de pesticidas, antibióticos, fertilizantes sintéticos, aditivos y conservantes; muchos de ellos utilizados en la agricultura convencional para eliminar insectos, plagas o hierbas, y que a medio o largo plazo pueden dañar nuestro organismo. Al no contener sustancias artificiales, los alimentos procedentes de la agricultura ecológica son asimilados correctamente por el organismo sin alterar las funciones metabólicas.

Consumiendo productos ecológicos, colaboramos con la conservación del medio ambiente y evitamos la contaminación de la tierra, el agua y el aire.

Toda nuestra producción se rige bajo los patrones de la Agricultura Ecológica, como así está acreditado por Agrocolor, empresa pionera en Andalucía en la Certificación Agroalimentaria.